Prostitua ex prostitutas

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Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo.

Y yo no me hago propiedad de nadie. Valérie May hace una valoración previa antes de tener un encuentro con uno de sus clientes. Si no cree que vaya a conseguir una conexión desde el principio no queda con ellos. Reconoce que tampoco estaría con un cazador.

Cuenta que con el primer cliente rompió el estigma. Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista. Una de esas mujeres es Shirley McLaren. Su nombre artístico recuerda al de Shirley MacLaine, la actriz de Irma la dulce.

Pero ella recalca que no lo escogió por eso. Lo de Shirley es porque es fan de la cantante escocesa del grupo Garbage. El apellido es porque le apasiona el automovilismo. Y Ferraris ya había unas cuantas. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien.

Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Shirley es una mujer transexual que lleva varios años viviendo en España. Responde a los abolicionistas con determinación: El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere.

Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra. Tenía 41 cuando la despidieron de una de las dos casas donde trabajaba como ayudante doméstica. Estaba terminando la secundaria. Sus hijos estaban en el colegio.

Faltaba un año para la crisis de y conseguir trabajo era difícil. Una conocida le ofreció prostituirse. Hoy me pregunto, tal vez. Si hubiera hecho otra cosa. Pero no me alcanzaba, no me alcanzaba", dice. Dormía por la mañana, se prostituía por la tarde, veía a sus hijos por la noche. Al principio no les contó lo que hacía para mantenerlos. Les decía que iba a trabajar a un bar. A veces, a los propios maridos". Su situación económica mejoró. Habían pasado dos años y medio.

Yo pensé que me quedaría hasta que terminara la secundaria, hasta poner el techo de mi casa. Pero después hay algo que te atrapa, que se te hace tan familiar, tan peculiar tuyo, que no podés. Que es tu trabajo. Que es tu esquina". Enfatiza con la voz el pronombre posesivo. Y vuelve al poema. A la hora de pactar esta nota, Delia adelantó que no brindaría detalles sobre la violencia.

Pero a medida que escarba, los recuerdos afloran. Cuando llegamos a la habitación, me dice: Entonces se saca el pantalón y me muestra. Se podía ver que tenía una enfermedad. Le dije que no lo iba atender, me di vuelta para irme, pero me agarró del brazo y me dijo: Entonces le puse el preservativo, con cuidado de no tocar las heridas. Cuando dicen que podés elegir, yo pienso: Cuando querés elegir, el tipo te agarra a la fuerza y no elegís nada".

Delia todavía recuerda el dolor abdominal, de cintura, en las articulaciones después de cada tarde en la esquina. El sufrimiento no era sólo por su situación de prostitución, también por las otras. Fui testigo de muertes, de tiroteos, de abortos. Las mujeres venían a pararse en la esquina con los abortos en curso. Es una de las peores violencias que pueden caer sobre una mujer.

Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. Y por eso lucho con todas mis fuerzas contra esa violencia que es la prostitución. Hay que educar a los niños contra la prostitución en los colegios, en primaria y en secundaria, en las universidades… Sólo así conseguiremos que los niños no se conviertan el día de mañana en prostituidores y que a las niñas no las conviertan en putas.

En primer lugar nuestros gobernantes. Una puta es el resultado de las políticas de quienes nos gobiernan. Si se cumpliera con el derecho a una vivienda, a la salud o a un trabajo, no habría prostitución.

Si una mujer tuviera esos derechos, no sería puta. Las agencias internacionales como el Banco Mundial que insisten en calificar a las putas como trabajadoras sexuales.

En la prostitución se dan todos los síntomas del campo de concentración: Si los varones dejaran de ir de putas, esto se acabaría. La prostitución no se elige con libertad. El proxenetismo y la trata de personas son delitos, y como tales deben perseguirse.

Siento rabia y dolor, pero no trato de intervenir sobre sus vidas. Bastante tienen ya las pobres con ser putas. Me gustaría romper la barrera que divide a las mujeres en buenas y malas, en putas y no putas. Porque el mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es un marido y un padre.

Por otro, las "abolicionistas" consideran que la prostitución es una violación a los derechos de las mujeres. Delia se encuentra en el segundo grupo. Es crítica de los sindicatos de trabajadoras sexuales y se enfurece cuando escucha o lee sobre campañas de regularización de la prostitución. Me decían que yo, como dueña de mi cuerpo, podía hacer lo que quisiera. Que era mi sustento. Citaban a prostitutas de otros países. Pero hoy, después de ser prostituta, digo que no, que la prostitución no es trabajo".

Cuando se quedó sin trabajo de empleada doméstica, Delia comenzó a prostituirse. Entonces asistía a reuniones y tomaba cursos para atender sexualmente a los hombres. Le enseñaban, por ejemplo, cómo colocar un preservativo con la boca. En ese momento no me daba cuenta", sostiene Delia. Si hablamos de una relación sexual consensuada, hablamos de afecto, de calentura, deseo mutuo.

Pero si te vas con cualquiera, si no sabés qué te va a pasar en esa habitación, qué te va a hacer el otro, que tiene mayor fuerza física No sabés qué te va a hacer. Allí habla de "abolición", y la palabra no es casual. Para ella, la prostitución es equivalente a la esclavitud. No tenemos rostro, ni sentimientos, ni nada. La prostitución es una de las peores violencias contra las mujeres", asegura. Delia nació en Chaco en una familia pobre.

Analfabeta, a los 16 años se instaló en Buenos Aires. Se casó a los 19 y tuvo tres hijos. Terminó la escuela primaria y comenzó a cursar el secundario. Su esposo la golpeaba y tardó 12 años en denunciarlo por violencia de género. Cuando reflexiona se da cuenta de que su vida sin violencia empezó a los 31 años.

Tenía 41 cuando la despidieron de una de las dos casas donde trabajaba como ayudante doméstica. Estaba terminando la secundaria. Sus hijos estaban en el colegio. Faltaba un año para la crisis de y conseguir trabajo era difícil. Una conocida le ofreció prostituirse. Hoy me pregunto, tal vez. Si hubiera hecho otra cosa. Pero no me alcanzaba, no me alcanzaba", dice.

Dormía por la mañana, se prostituía por la tarde, veía a sus hijos por la noche. Al principio no les contó lo que hacía para mantenerlos. Les decía que iba a trabajar a un bar.

A veces, a los propios maridos". Su situación económica mejoró. Habían pasado dos años y medio. Yo pensé que me quedaría hasta que terminara la secundaria, hasta poner el techo de mi casa.

Pero después hay algo que te atrapa, que se te hace tan familiar, tan peculiar tuyo, que no podés. Que es tu trabajo. Que es tu esquina".

Enfatiza con la voz el pronombre posesivo. Y vuelve al poema. A la hora de pactar esta nota, Delia adelantó que no brindaría detalles sobre la violencia. Pero a medida que escarba, los recuerdos afloran. Cuando llegamos a la habitación, me dice: Entonces se saca el pantalón y me muestra. Se podía ver que tenía una enfermedad. Le dije que no lo iba atender, me di vuelta para irme, pero me agarró del brazo y me dijo: Entonces le puse el preservativo, con cuidado de no tocar las heridas.

El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere. Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra. Es como si tuvieras un huipil una prenda artesana mexicana.

Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios. Sobre los clientes tampoco tiene nada malo que decir. Y si encima tienen buena conversación y le traen regalos, pues mejor. Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas. Su lucha también va por la rama política.

Ha intentado hablar y reunirse con diferentes políticos. Pero todavía no ha obtenido una respuesta clara. Explica que no consigue hablar con Alberto Garzón y que una vez charló cinco minutos con Íñigo Errejón, ambos de Unidos Podemos.

Pero ninguno acaba por determinarse a su favor. Sabemos que hay cosas muy feas en nuestro trabajo, eso no lo vamos a negar. Pero igual que en otros sectores. Pero nadie dice que hay que acabar con la minería o que hay que abolir la industria tecnológica. Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera. Ahora es portavoz de la asamblea general. Ha hablado con políticos, con organizaciones internacionales.

El tema es que lleva desde los 18 años ejerciendo. Nació en Buenos Aires, tiene doble nacionalidad y ha trabajado en muchas partes del mundo.

Y para ella, lo mejor que le ha dado su trabajo es tener tiempo libre. Porque Ezquerra estira el discurso a todas las mujeres, no sólo a las trabajadoras sexuales. Cuando comenzó a tomar decisiones sobre cómo iba a trabajar, tenía asumido que debía ponerse un nombre artístico al ver que era lo que todas hacían.

Sentí que usar mi nombre real y enseñar mi cara no iba a afectarme tanto, pero sí podía marcar una diferencia en otras. Es vegana, bisexual, atea, antinatalista y sólo practica relaciones abiertas. Dejó el instituto a los 13 años. Lo siguiente fueron otros dos días trabajando como teleoperadora. Alguna temporada la pasaba a tiempo completo de voluntaria en una ONG en defensa de los derechos de los animales. Cuenta que estaba muy cansada de su trabajo, que se veía a sí misma estancada con 30 o 40 años en un empleo precario que no le aportaba nada en el desarrollo personal.

Decidió dejarlo y buscar alternativas. Encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas. Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra derecha fue portavoz.

Francisco, el pirotécnico de la tonelada de explosivos que convirtió Tui en un campo de guerra. Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar su experiencia y nuestros servicios, analizando la navegación en nuestro Sitio Web. Prostitución Feminismo Activismo Contenido sensible. Política de cookies Aceptar.

prostitua ex prostitutas Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Log in Log out Edit. Después de eso empezó mi renacer como persona. A otro club de Alicante. En Titania Compañía Editorial, S.

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