Amas de casa prostitutas mafia prostitutas

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De la prostitución vengo a sacar unos euros al mes. El mes pasado trabajaba desde la una de la madrugada hasta las nueve de la mañana en el Fórum. Allí lo hacemos dentro de los coches. A las diez entraba en un hotel, a arreglar habitaciones, hasta las seis de la tarde. Dormía desde las siete hasta la once, y vuelta a empezar. Entre una cosa y otra saco para salir adelante.

He de pagar ese internado y las colonias de verano. Marga, al contrario que Antonia , ejerce en la calle desde hace mucho tiempo. En los pisos dependes de cómo le caigas a la gobernanta y has de entregar la mitad de lo que ganas.

Antonia cobra 60 euros por servicio, de los que percibe Marga no tiene una tarifa fija. En torno a Otro problema de los pisos es que a veces presionan a las prostitutas para que trabajen sin condón o hagan cosas que no quieren. De hecho, en algunos hay dos tarifas, una con y otra sin. Se han dado casos también de clientes que han violado a alguna prostituta y los dueños del piso no han defendido adecuadamente sus derechos. A los problemas tradicionales se suma ahora el de una inmigración masiva, incontenible, para la que la prostitución constituye una salida de emergencia.

La falta de regulación del sector beneficia a los explotadores, a las redes de traficantes, a las mafias. Una puta no puede ser contratada en calidad de tal ni darse de alta como autónoma ni cotizar a Hacienda ni sindicarse ni tener una cartilla de la Seguridad Social ni acceder en su día a una jubilación.

Y esto es lo que piden: Quieren entrar en un sistema que las rechaza, pero que es cliente de ellas. Antonia se ha presentado a la cita con un vestido muy elegante y sutilmente escotado. Es probable que venga de trabajar, aunque suele descansar los fines de semana. Es suramericana y llegó a España para trabajar en un club que abandonó tras liquidar la deuda que le permitió hacer el viaje. Desde entonces ha trabajado en muchos sitios. Antonia tiene 28 años y Marga, como hemos dicho, Viéndolas juntas, tan distintas, se me ocurre que una vende sexo de fiestas de guardar y la otra sexo de días laborables.

Y hay consumidores para todos los gustos. Muchos, cuando se les ha acabado el tiempo, pagan una hora extra para poder hablar. El sexo es, con frecuencia, la coartada para hablar. Y a una prostituta se le cuenta todo. No te puedes ni imaginar los conflictos que tiene la gente. Mientras conversamos , el camarero se mueve a nuestro alrededor disimuladamente, con curiosidad. Han tenido que trasladarse desde el Raval porque los alquileres, en este barrio, se han puesto por las nubes.

Desayunamos en una churrería que hay debajo de su casa. Salma dormita en brazos de su madre con el patinete aparcado a medio metro.

Mientras tomamos el café, Marga me cuenta que en fueron al Senado para hablar ante una comisión. Cuando se enteraban de quién era la prostituta, empezaban a apartarse de ella y a mirarla de un modo especial. Lo de la antropóloga les pareció muy bien, pero cuando se enteraron de que yo era la prostituta, dijeron que tenían que consultar antes de acreditarme. Era una comisión sobre prostitución y se preguntaban si debía estar presente la prostituta.

La niña tiene un comportamiento normal desde cualquier punto de vista que se mire. Conoce a todo el mundo y todo el mundo la conoce a ella.

Es un sueño, pero tarde o temprano lo realizaremos. Cuando murió mi marido, su familia quiso quitarme a la niña y me llevó a juicio. Pero el informe médico-forense me dio la razón a mí. Decía que Salma tenía, a mi lado, todo lo que necesitaba una niña.

Yo he visto casos de mujeres a las que los servicios sociales les han quitado a sus hijos y les han destrozado la vida. Yo me levanto por las mañanas y lo primero que veo es su sonrisa.

Forma parte de mi vida como yo formo parte de la suya. Y la educo en el respeto a todo el mundo. Me cuenta esto en el metro , donde nos dirigimos al Raval para dejar a la niña en casa de una amiga de Marga.

El vagón va medio vacío, de manera que nos sentamos juntos, en un asiento de tres. Salma se coge a su madre con una mano y sujeta el patinete con la otra. Marga se quedó viuda del padre de Salma hace dos años. Viven separados, pero a veces Marga se queda a dormir en la casa de él, o al revés. Se trata de una historia de amor bien curiosa porque se conocieron cuando Marga tenía 14 o 15 años y él 18 o Entonces, Marga trabajaba en la casquería de la Boquería, pero pertenecía a un grupo de voluntarios que dedicaban el tiempo libre a ayudar a personas dependientes.

José, su novio actual, pertenecía también a ese grupo de voluntarios, y se conocieron realizando esa actividad.

Como tenían preocupaciones comunes, hablaban mucho. Con el tiempo, cada uno se convirtió en el amor platónico del otro. Durante todos estos años, supe que llamaba a casa de mis abuelos para preguntar por mí. No es que si le pidiera ayuda no me la diera, pero quiero salir adelante por mí misma.

Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Todos los hombres con los que he estado han sabido a qué me dedicaba. Siempre he tenido el privilegio de no esconderme, que es lo normal en mi profesión.

Marga perdió a sus padres en un accidente de automóvil cuando tenía 10 años. Se educó con sus abuelos, que aceptaron su decisión de hacerse prostituta. Me dijeron que tuviera cuidado de adónde iba y de por dónde me movía. Y que siempre tendría su casa abierta.

Yo, al principio, llamaba a mi abuela y le decía: Siempre prevaleció el amor que nos teníamos. Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval.

Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas. Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay. Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean. Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades.

La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona. Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta. Todas se muestran preocupadas por la situación del sector. Cada una relata las experiencias que ha tenido en sus visitas a las esquinas o a los pisos a los que acuden para concienciar a las chicas de la necesidad de utilizar preservativos, de defender sus derechos, de denunciar los casos de malos tratos o la existencia de menores.

Unas pasean y otras permanecen sentadas en sillas. Algunas forman grupos y otras permanecen solitarias. Nuestra llegada es bien recibida.

Les damos condones y lubricantes y folletos. Olimpia, la cubana, se presenta a todas diciendo:. Esto, que sin duda supone un éxito, desde nuestro punto de vista cuestiona los discursos line- ales que siguen planteando algunas corrientes feministas, que mantienen encerradas a las mujeres en categorías abstractas y cuyos planteamientos sobre la opresión y la sexualidad dejan fuera los procesos personales y propuestas de muchas de ellas, entre las que se encuentran las prostitutas.

El debate no es nuevo en el movimiento feminista; ya a finales de los 80, grupos de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas lo impulsaron y, de la mano de prostitutas italianas como Carla Corso y Pia Covre, se desarrolló la reflexión. Lo que sí es nuevo es la virulencia actual del mismo. Porque es evidente que el fenómeno de las mafias, tal y como se manifiesta hoy, tiene mucho que ver con las políticas de inmigración y sobre todo con la negativa de los países ricos a aceptar la presencia, de forma legal, de inmigrantes pobres en sus territorios.

Ahí acaba el consenso. El desencuentro entre las distintas posiciones no se produce por la caracterización de las mafias, sino por la caracterización de la prostitución, por la identificación que las posiciones abolicionistas realizan entre ésta y las mafias y, por lo tanto, la extrapolación de las características que concurren bajo las mafias a todo el ejercicio de la prostitución.

Esta simplificación extrema de las diversas realidades que encierra la prostitución impide, por ejemplo, diferenciar entre la prostitución forzada y la no forzada; las distintas situaciones entre quienes realizan este trabajo: Resulta por tanto pertinente señalar la existencia de otra formas de abuso y explotación de las prostitutas, obviamente condenables, pero no equiparables a las mafias esclavistas.

Se trata sin duda de una extorsión execrable, pero no es lo mismo que las mafias. Aquí no hay engaño ni coacción, sino usura y utilización de una legislación que marginaliza, de hecho, tanto la prostitución como la inmigración realmente existente, y desde este prisma habría que tratarlo. Reducir las distintas realidades de la prostitución a una definición ideológica previamente establecida en términos de agresión y esclavitud sexual no se ajusta a la complicada realidad, y por tanto no resuelve ninguno de los problemas.

En esto nos vamos a detener en las siguientes líneas. Por lo tanto, habría que empezar por acabar con la hipocresía de considerar que este modelo de sociedad puede acabar con el tipo de sexualidad que favorece. Un modelo que, como ha señalado la socióloga e investigadora de la prostitución, Raquel Osborne, promueve, como parte de la masculinidad, la separación entre sexo y afecto entre los varones, mientras que su identificación se considera de la feminidad.

En muchos casos la razón resulta apremiante y obvia: Que aparezca como una opción de trabajo muestra también hasta qué punto son escasas y precarias las alternativas laborales que se les ofrece servicio doméstico, hostelería , y explica la numerosa presencia, desde hace años, de mujeres inmigrantes en la prostitución que, en buena medida reemplazan a las mujeres autóctonas que se han desplazado a otros sectores laborales. Son todas ellas razones por las que se incorporan a este trabajo y por las que muchas permanecen voluntariamente en él.

En esta consideración de la prostitución como una opción de trabajo resulta clarificador establecer la comparación con otra de las ofertas laborales que se les presenta: En los dos sectores hay una amplia demanda dirigida a mujeres inmigrantes. Como empleadas de hogar, sus condiciones de trabajo son precarias, en algunos casos muy duras pues exigen disponibilidad horaria absoluta, control de movimientos, bajos salarios y menos derechos de los que disfruta el resto de trabajadoras y trabajadores.

Se puede concluir también que el reclamo para realizar este tipo de trabajos es bien sencillo: La capacidad de todas las mujeres para formular sus necesidades y derechos, que el feminismo preconiza e impulsa, se niega por principio a las prostitutas desde las posiciones abolicionistas. La prostitución por tanto es un trabajo en el que las mujeres realizan una transacción económica vendiendo, no su cuerpo, sino servicios sexuales a cambio de dinero.

Y en una sociedad donde el trabajo es la principal vía de integración social, negarles su condición de trabajadoras no sólo las despoja de su condición de ciudadanas sino que refuerza hasta el límite su exclusión y marginación social:

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No hay una palabra que posea la carga despectiva de puta para nombrar al usuario del sexo de pago. Y no te digo nada del sueldo porque no te lo ibas a creer. Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Pasan de las dos de la tarde. El discurso de estas mujeres es implacable. Es suramericana y llegó a España para trabajar en un club que abandonó tras liquidar la deuda que le permitió hacer el viaje. amas de casa prostitutas mafia prostitutas Se han dado casos también de clientes que han violado a alguna prostituta y los dueños del piso no han defendido adecuadamente sus derechos. Otros artículos recientes Venezuela: Sin Permiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. Marga no tiene una tarifa fija. Ahora alterno un trabajo con otro. La niña llevaba un patinete que parecía, por la habilidad con la que lo manejaba, una extensión de sí misma. No había en ella nada del glamour ni de la sordidez que, alternativamente, esperamos de la prostitución.

Desayunamos en una churrería que hay debajo de su casa. Salma dormita en brazos de su madre con el patinete aparcado a medio metro. Mientras tomamos el café, Marga me cuenta que en fueron al Senado para hablar ante una comisión.

Cuando se enteraban de quién era la prostituta, empezaban a apartarse de ella y a mirarla de un modo especial. Lo de la antropóloga les pareció muy bien, pero cuando se enteraron de que yo era la prostituta, dijeron que tenían que consultar antes de acreditarme. Era una comisión sobre prostitución y se preguntaban si debía estar presente la prostituta. La niña tiene un comportamiento normal desde cualquier punto de vista que se mire. Conoce a todo el mundo y todo el mundo la conoce a ella. Es un sueño, pero tarde o temprano lo realizaremos.

Cuando murió mi marido, su familia quiso quitarme a la niña y me llevó a juicio. Pero el informe médico-forense me dio la razón a mí. Decía que Salma tenía, a mi lado, todo lo que necesitaba una niña. Yo he visto casos de mujeres a las que los servicios sociales les han quitado a sus hijos y les han destrozado la vida. Yo me levanto por las mañanas y lo primero que veo es su sonrisa. Forma parte de mi vida como yo formo parte de la suya.

Y la educo en el respeto a todo el mundo. Me cuenta esto en el metro , donde nos dirigimos al Raval para dejar a la niña en casa de una amiga de Marga. El vagón va medio vacío, de manera que nos sentamos juntos, en un asiento de tres. Salma se coge a su madre con una mano y sujeta el patinete con la otra. Marga se quedó viuda del padre de Salma hace dos años.

Viven separados, pero a veces Marga se queda a dormir en la casa de él, o al revés. Se trata de una historia de amor bien curiosa porque se conocieron cuando Marga tenía 14 o 15 años y él 18 o Entonces, Marga trabajaba en la casquería de la Boquería, pero pertenecía a un grupo de voluntarios que dedicaban el tiempo libre a ayudar a personas dependientes.

José, su novio actual, pertenecía también a ese grupo de voluntarios, y se conocieron realizando esa actividad. Como tenían preocupaciones comunes, hablaban mucho. Con el tiempo, cada uno se convirtió en el amor platónico del otro. Durante todos estos años, supe que llamaba a casa de mis abuelos para preguntar por mí.

No es que si le pidiera ayuda no me la diera, pero quiero salir adelante por mí misma. Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Todos los hombres con los que he estado han sabido a qué me dedicaba. Siempre he tenido el privilegio de no esconderme, que es lo normal en mi profesión. Marga perdió a sus padres en un accidente de automóvil cuando tenía 10 años. Se educó con sus abuelos, que aceptaron su decisión de hacerse prostituta.

Me dijeron que tuviera cuidado de adónde iba y de por dónde me movía. Y que siempre tendría su casa abierta. Yo, al principio, llamaba a mi abuela y le decía: Siempre prevaleció el amor que nos teníamos.

Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval. Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas.

Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay. Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean. Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades. La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona.

Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta.

Todas se muestran preocupadas por la situación del sector. Cada una relata las experiencias que ha tenido en sus visitas a las esquinas o a los pisos a los que acuden para concienciar a las chicas de la necesidad de utilizar preservativos, de defender sus derechos, de denunciar los casos de malos tratos o la existencia de menores.

Unas pasean y otras permanecen sentadas en sillas. Algunas forman grupos y otras permanecen solitarias. Nuestra llegada es bien recibida. Les damos condones y lubricantes y folletos. Olimpia, la cubana, se presenta a todas diciendo:. Si necesitas abogado, médico, llama a este teléfono.

Después buscamos por la zona a una menor que alguien ha visto durante los días pasados. Siempre que ven a una menor, avisan a la policía porque cerca de ella hay, casi con toda seguridad, alguien que la controla. De ser así, se ocupan de que se lleven a la menor y a la controladora en distintos furgones. No damos con ella. En la ronda de San Antonio, las prostitutas se cuentan por decenas.

Todas se quejan de la falta de trabajo. Muchas llevan tres o cuatro horas sin hacer un solo servicio. Olimpia saca el móvil y llama a alguien. Luego queda con ella para llevarla el miércoles al médico. El miércoles vengo y te llevo al médico.

Intentaremos que no te cueste nada. Y así vamos, de esquina en esquina, hasta que se nos acaban los preservativos y los folletos. Pasan de las dos de la tarde. Marga va a trabajar ahora en esa misma calle, pero le propongo que comamos algo primero, de modo que nos sentamos en la terraza de un bar y pedimos unas raciones. Marga ha salido de casa vestida para hacer la calle, pero no lleva nada realmente escandaloso. Simplemente va un poco ceñida. Ya hemos dicho que no vende magia ni fantasías venéreas, vende sexo cotidiano y conversación.

Durante la comida, me habla de las extranjeras. Aquí, en un McDonalds puedes comer por tres euros. A ver qué le cuentas a una persona que te dice eso, o que te dice que su madre la puede vender. Estas mujeres tienen que aprender mucho, muy deprisa, y no perder la razón en el proceso. Cuando terminamos de comer , hace un gesto de: Le pregunto si no se pinta un poco, pues va con la cara lavada, y me dice que sí, que se pinta en un bar que hay allí cerca. De camino hacia la esquina en la que suele colocarse, nos tropezamos con una compañera que toma café en una terraza en compañía de un hombre.

Hacen unas presentaciones un poco ceremoniosas y, tras despedirnos, me cuenta que el hombre, un sujeto mayor, la ha retirado.

Cuando llegamos a su esquina, donde hay una sucursal de La Caixa, yo me siento a la mesa de una terraza y pido una infusión mientras ella se mete en el bar para "arreglarse". La verdad es que sale casi igual que ha entrado, con un poco de color en los labios y en las mejillas.

Nos hacemos un gesto de reconocimiento y se va a su esquina. Cerca de mí, alrededor de un banco, hay un grupo de rumanas, entre las que se encuentra la chica embarazada de la mañana. Son jóvenes y muy alborotadoras. Alivian el aburrimiento con risas y bromas. Muchas se pasean con un botellín de agua mineral entre las manos.

La capacidad de todas las mujeres para formular sus necesidades y derechos, que el feminismo preconiza e impulsa, se niega por principio a las prostitutas desde las posiciones abolicionistas. La prostitución por tanto es un trabajo en el que las mujeres realizan una transacción económica vendiendo, no su cuerpo, sino servicios sexuales a cambio de dinero.

Y en una sociedad donde el trabajo es la principal vía de integración social, negarles su condición de trabajadoras no sólo las despoja de su condición de ciudadanas sino que refuerza hasta el límite su exclusión y marginación social: Pero no es un trabajo como otro cualquiera.

No lo es no sólo por la dureza que comporta en todos los sentidos: Si fuera así no se explicaría el tratamiento sustancialmente distinto que se da respecto a algunas relaciones no comercializadas, puesto que las pautas de comportamiento no se alejan mucho unas de otras: Pero no es un trabajo como otro cualquiera ya que las mujeres, por ser trabajadoras precisamente del sexo, suman a todo ello los abusos y menosprecio de la propia sociedad debido a la doble moral que se practica.

Representa a la mujer provocativa, promiscua, que manifiesta abiertamente su sexualidad, que transita la noche. Y por lo que supone de ruptura con el estereotipo femenino, y de denuncia de la hipocresía social, se las identifica como un grupo aparte de mujeres al que se estigmatiza, se marca. Pero también supone una desvalorización que se extiende a toda la vida de la mujer que queda así subsumida en la categoría de prostituta.

No es casual por tanto que esta estigmatización social sea lo que muchas identifican como el principal problema a combatir. Aspiramos a una sociedad donde las relaciones no estén mercantilizadas, no existan instituciones opresivas ni estereotipos adscritos a cada sexo, ni relaciones de poder entre hombres y mujeres, entre el Norte y el Sur; donde la sexualidad la ejerzamos desde relaciones libres.

Así, contra el estigma y la discriminación defendemos el reconocimiento de las trabajadoras del sexo como sujetos de derechos de ciudadanía y, por tanto, sociales y laborales. Esto significa, en primer lugar, su derecho a ser escuchadas, a definir sus problemas en su propio lenguaje.

Y por tanto apoyar a los colectivos con los que trabajan, como entre otros Hetaira en Madrid o Licit en Catalunya, en la línea por todas compartida de ir articulando alianzas entre las mujeres. Justa Montero es cofundadora y miembro de la Asamblea Feminista de Madrid. Begoña Zabala es cofundadora y miembro de Emakume Internationalistak Nafarroa.

Explotación de los trabajadores. Puedes ver también este artículo en la antigua web de Sinpermiso. Sin Permiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. Puedes hacer tu donativo aquí. Otros artículos recientes Venezuela: Esperar lo mejor, pero estar preparado para lo peor. Financiarización y clases sociales.

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